El sur de Florida, con todo su glamour y eclecticismo, recibió un duro golpe esta semana cuando los dueños de equipos de la NFL hicieron pedazos el sueño de Miami de convertirse nuevamente en sede de un Super Bowl.
En una votación que resultó en una abrumadora paliza, los propietarios designaron a San Francisco como la ciudad donde se llevará a cabo el Super Tazón de 2016; y a Houston para recibir el del 2017, en su edición número 51.
Miami buscaba por undécima ocasión ser sede del Super Bowl, pero la legislatura del estado no apoyó con fondos públicos la renovación del Sun Life Stadium, hogar de los Dolphins
No obstante el intenso cabildeo de los dueños del equipo, que abogaban por algo de ayuda gubernamental para mejorar su recinto y hacerlo más competitivo, la ciudad se ha quedado —al menos por varios años— sin los beneficios de un Super Bowl.
Y es que el revés va más allá del plano deportivo pues cada juego de campeonato representa una segura inyección económica de cientos de millones de dólares para la ciudad sede.
En los comicios por el Super Bowl 50, al menos 24 de los 32 dueños de la NFL votaron en contra de Miami.
Así mismo un 75 por ciento de los ejecutivos se inclinaron por Houston cuando se sufragó por la sede del juego de campeonato de 2017.
Aunque desalentadores, los resultados no fueron sorpresivos considerando que tanto el área de la bahía del norte de California y Houston tienen algo de lo que Miami carece: dos estadios levantados con fondos públicos.
El Reliant Stadium, casa de los Texans, fue construido con dinero de la ciudad y en menos de una década ya ha sido renovado también con ingresos del gobierno.
El estadio de los Dolphins, por su lado, ya suma casi 30 años y dos intentos por asegurar apoyo estatal para su restauración — que se estima costaría entre $375 y $400 millones— han fallado.
Los cetáceos se habían comprometido a costear la mayor parte de los trabajos de mejoras y buscaban, gracias al incremento de un impuesto de turismo (uno por ciento) y otros $3 millones en concepto de devoluciones de gravámenes, pagar el resto de las obras.
Recintos como el AmericanAirlines Arena, la vieja Miami Arena; el Key Biscayne Tennis Center, el autódromo de Homestead-Miami Speedway y hasta el Marlins Park se habrían beneficiado de aquel impuesto hotelero del uno por ciento.
Empero la iniciativa murió durante las sesiones legislativas del estado en Tallahassee.
El plan de renovaciones, que de acuerdo al dueño de los Dolphins, Stephen Ross habría creado unos 4,000 empleos en el sur de Florida, incluía la colocación de una especie de marquesina o toldo para cubrir gran parte de los asientos al aire libre; el acercamiento de las gradas al terreno de juego —18 pies de distancia de cada línea lateral— y la adición de 3,700 butacas en el nivel inferior, entre otras cosas.
Tras las votaciones esta semana, el propio comisionado de la NFL, Roger Goodell reveló que varios dueños le confiaron que las pobres condiciones del Sun Life Stadium habrían sido un factor determinante en su votación.
Así las cosas es una pena que unos cuantos políticos hayan torpedeado lo que a todas luces suponía un buen negocio para la ciudad.
aimoreno@elsentinel.com, 954-356-4087; elsentinel.com; twitter.com/aurelio02
La implacable maldición que atormenta a los Angelinos
Previo al arranque de la temporada de 2012 lancé una maldición a los Angelinos de Los Angeles —y en particular a Albert Pujols— que aún sigue atormentando a los serafines y al slugger dominicano.
Entonces, un sábado 24 de diciembre de 2011 —y todavía masticando el rencor de las malogradas negociaciones entre los Marlins de Miami y Pujols— escribí lo siguiente:
“La implacable maldición de los peces atormentará de tal forma al pobre Albert Pujols que el dominicano terminará lamentando todos y cada uno de los $254 millones que ganará con los Angelinos”.
Incluso tuve la audacia de vaticinar que los entonces “dinámicos Marlins de Hanley, Reyes, Bonifacio y Stanton conquistarían una o varias series mundiales antes de que los débiles serafines de Pujols ni siquiera puedan olfatear unos playoffs”.
Tan poderosa ha sido mi blasfemia que, desde entonces, los dirigidos por Mike Scioscia se han transformado en una de las grandes decepciones de las Grandes Ligas.
No obstante su nómina supermillonaria y una artillería de lujo que al margen de Pujols incluía a Mike Trout, Mike Trombo, Vernon Wells, Torii Hunter, Peter Bourjos y Kendrys Morales —además de los brazos de Jered Weaver y C.J. Wilson, entre otros— los Angelinos ni siquiera avanzaron a la postemporada de 2012 en una división ciertamente floja, la Oeste de la Liga Americana.
Este año y a pesar de la adición de Josh Hamilton, el equipo figuraba con marca de 15-24 y, tras empatar el peor arranque de campaña en la historia de la franquicia, se distanciaban a 10 juegos del primer lugar de su división.
También en aquella columna maléfica pronostiqué:
“Pujols será rico en dinero, pero pobre en campeonatos. Su carrera y su vida se tornarán miserables en Los Ángeles, donde los inicialistas sufren extrañas lesiones mientras celebran un cuadrangular ganador y permanecen en la lista de inhabilitados por casi dos años. Pregúntenle a Kendrys Morales”.
Para su fortuna, el cubano fue canjeado en diciembre pasado a los Marineros de Seattle.
Hamilton, quien previo al inicio de la zafra fue fichado por $125 millones, ha sido uno de los grandes protagonistas en el triste drama de desgracias de los Angelinos.
Con apenas cinco jonrones y 12 carreras empujadas en 39 juegos — Hamilton bateaba para un pobre promedio de .214 y sumaba 44 ponches y sólo 33 hits.
Bateador sumamente indisciplinado —le ha estado haciendo swing al 60 por ciento de los lanzamientos que le envían— Hamilton ha sido víctima no sólo de su impaciencia en el plato y la inmensa presión de producir inmediatamente gozando de un contrato tan jugoso, sino también quizás del desacierto de Scioscia.
En una alineación tan profunda, Hamilton, quien figuraba quinto en el orden ofensivo y por delante de Howie Kendrick, debería estar bateando constantemente segundo o tercero y gozando de la protección de gente como Pujols o Trombo.
Para colmo, Hamilton dijo esta semana que sufre de sinusitis
¿Y Pujols?
El año pasado, el dominicano tuvo el peor promedio de su carrera (.285); y ahora, afectado por problemas en las rodillas y un pie, ha sido relegado al rol de bateador designado mientras bateaba para un pobre .242.
¡La maldición de Aurelio!
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Jason Collins y Orlando Cruz: gays por conveniencia en el deporte?
El jugador de la NBA, Jason Collins; y el boxeador puertorriqueño Orlando 'El Fenómeno' Cruz guardan algo en común. Y no es el hecho de que ambos son homosexuales.
Tampoco se trata necesariamente de su condición de pioneros como los dos primeros atletas profesionales en sus respectivas disciplinas en salir del clóset.
Lo que realmente hace similares a éstos deportistas es la súbita fama de la que ambos gozan después de revelar sus inclinaciones sexuales.